La Atención a la Diversidad es una de las claves a la que se dirige la Educación actualmente en nuestro país. Supone no solamente la inclusión y la integración de aquellos colectivos que por alguna discapacidad o necesidad educativa se han visto excluidos o segregados en el sistema educativo, sino la toma de conciencia de las diferentes formas de inteligencia existentes que pueden tener desarrolladas nuestros alumnos y que precisan una atención diferenciada.
El
caso de Adrián que hemos visto en la anterior entrada es un buen y reciente ejemplo para escenificar la disputa que
hay acerca del verdadero significado de Educación Inclusiva, discusión que ha
llegado incluso nuestras propias aulas del MESOB de la Universidad Autónoma de
Madrid. En varias asignaturas se ha defendido
que la verdadera Atención a la Diversidad pasa por dar a cada alumno lo que necesita de forma
individualizada, que en esto consiste la verdadera igualdad y que dar ofrecer a
todos lo mismo no es más que “equidad”. Es sin duda una visión muy distinta de la
que hemos recibido en la asignatura de Atención a la Diversidad, una pugna
entre la integración en el sistema educativo, pero aparte, y otra la verdadera
inclusión ya no sólo en el aula sino en la sociedad local, el mundo que lo
rodea. Es una cuestión muy compleja. Comprendo que cada caso es cada caso y hay muchos grados y formas de ser autista. Que a mi primo le funcionase un sistema no significa que sea igual para otros. Profundicemos en ello.
El primer interrogante que me viene a la mente es quién debería decidir sobre el destino educativo de estos alumnos y alumnas. Tras la atención mediática que han recibido algunos casos como el presentado hay muchos que permanecen en la sombra y está claro que hace falta urgentemente un jerarquía más estricta en esta toma de decisiones para evitar a toda costa la vía judicial. En nuestra sistema educativo los padres tienen un margen bastante grande en reconocimiento a su potestad y derecho a la educación de sus hijos, pero casos como estos lo desbordan. También hay que contemplar que no siempre los motivos son lo mejor para el hijo, pues algunos centros prefieren quitarse dificultades de encima y a algunos padres (no en el caso de los TEA, por lo general), les cuesta asumir que la educación en centros espaciales no es un estigma para sus hijos y una desgracia. En el artículo de Red Cénit colgado en la entrada sobre aspectos educativos aparece además la duda entre el sistema público o concertado, ante la que no dudan en recomendar el primero, no ya por mejores medios sino actitud hacia la diversidad: " (...) la realidad
nos indica que existe poca tradición en los colegios concertados de integrar a
niños con necesidades educativas especiales, también se encuentran, todo
dependerá de la sensibilización y formación de cada centro educativo
(...)"
Sobre este punto he de aclarar que mi breve experiencia en la educación concertada y privada en las Prácticas del módulo genérico no ha sido negativa, había alumnos con adaptaciones en todos los cursos y varios con significativas-curriculares, con los que tuve la oportunidad de trabajar. El Departamento de Orientación del centro era pequeño pero bien organizado y funcionaba, mas entiendo que este es un caso entre muchos. La educación privada y concertada de este país está cambiando con la afluencia de docentes jóvenes instruidos en la Atención a la Diversidad, pero hay mucho hacer y las principales reticencias están presentes en algunas familias clientes del colegio, que transmiten a sus hijos sus prejuicios, como he podido observar.
Respecto a la polémica de Leganés, me gustaría quedarme con esta frase de María, madre de Adrián, en la que plantea la cuestión en torno a la que quiero hacer girar mi reflexión sobre la Inclusión: "(...) No es solamente el caso de Adrián y hay padres que han tenido que decir obligados que sí. Si yo consigo que salga a la luz y que ayude a otros en igual situación, estaré muy satisfecha. Si no, ¿qué inclusión va a haber? Si al mínimo que tengas un niño con dificultades, le mandas a uno especial, ¿es inclusión?"
Al final, como en todos los problemas de carácter social y ético, la clave para resolverlos está en la escala de valores, que determina cuáles de estos tienen prioridad. Por supuesto que cada uno tiene que recibir la educación que precisa para su desarrollo y que la personalización debe ser una de las claves de una educación humanizada y de calidad en nuestro país, pero podemos pasar por alto que la desviación de la mayor parte de casos a centros especiales acaba provocando cierto grado de invisibilización y desconocimiento. La presencia de la discapacidad o diversidad funcional en el aula no sólo beneficia enormemente a quienes se ven incluidos sino a aquellos que incluyen, que consideramos "normales", tanto como la diversidad étnica o de credo. Si no somos capaces de educar en la realidad de un mundo diverso ni siquiera en aquellos aspectos que parecen más evidentes ¿Cómo vamos a conseguir que se respeten otras diferencias más sutiles pero igualmente importantes?
Por el bien de todos la prioridad debe estar en la Inclusión, siempre que se a posible, aún a costa de perder cierto ritmo en las clases. Lo que ganamos es mucho más de lo que perdemos. El mundo ya está lleno de competitividad, y necesitamos una mirada diferente, nueva a lo que hacemos.
Como futuro profesor, me cuesta, me aterra la perspectiva de atender a una diversidad en mi aula que me desborde. Ya es lo suficientemente difícil enfrentarse a un aula homogénea Como señala la psicopedagoga Constanza Orbaíz en su famosa conferencia del programa TedxTalks: "nadie está preparado para la discapacidad (...) en todo caso, la mejor forma de estar preparados es valorando la diversidad como parte de lo cotidiano, valorando a cada alumno, a cada persona por lo que puede dar". La diversidad en el aula, no sólo en términos de discapacidad en los que he centrado esta pequeña investigación, es una realidad que tendré que enfrentar, y no conozco a nadie que después de haberlo hecho (con el correspondiente apoyo), se arrepienta.
Respecto a la polémica de Leganés, me gustaría quedarme con esta frase de María, madre de Adrián, en la que plantea la cuestión en torno a la que quiero hacer girar mi reflexión sobre la Inclusión: "(...) No es solamente el caso de Adrián y hay padres que han tenido que decir obligados que sí. Si yo consigo que salga a la luz y que ayude a otros en igual situación, estaré muy satisfecha. Si no, ¿qué inclusión va a haber? Si al mínimo que tengas un niño con dificultades, le mandas a uno especial, ¿es inclusión?"
Por el bien de todos la prioridad debe estar en la Inclusión, siempre que se a posible, aún a costa de perder cierto ritmo en las clases. Lo que ganamos es mucho más de lo que perdemos. El mundo ya está lleno de competitividad, y necesitamos una mirada diferente, nueva a lo que hacemos.
Como futuro profesor, me cuesta, me aterra la perspectiva de atender a una diversidad en mi aula que me desborde. Ya es lo suficientemente difícil enfrentarse a un aula homogénea Como señala la psicopedagoga Constanza Orbaíz en su famosa conferencia del programa TedxTalks: "nadie está preparado para la discapacidad (...) en todo caso, la mejor forma de estar preparados es valorando la diversidad como parte de lo cotidiano, valorando a cada alumno, a cada persona por lo que puede dar". La diversidad en el aula, no sólo en términos de discapacidad en los que he centrado esta pequeña investigación, es una realidad que tendré que enfrentar, y no conozco a nadie que después de haberlo hecho (con el correspondiente apoyo), se arrepienta.
-Constanza
Orbaiz
Infobae:
-David Johnson, El País, "Los alumnos que no compiten tienen una mejor salud mental"
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